Lucas siempre había sentido una conexión especial con el mundo invisible. Desde pequeño, podía ver y escuchar cosas que los demás ignoraban o negaban. Su abuela le había dicho que tenía el don de la alta magia, una habilidad que solo poseían unos pocos elegidos por el destino.
Pero Lucas no sabía cómo usar su don. Su abuela había muerto cuando él tenía diez años, y nadie más en su familia compartía su interés por lo oculto. Se sentía solo y diferente, y a veces temía que estuviera loco.
Un día, recibió una carta misteriosa. Era una invitación para ingresar a la Academia de Alta Magia, una escuela secreta donde se enseñaba el arte de la magia a los iniciados. Lucas no lo podía creer. ¿Sería una broma? ¿O acaso había alguien más como él en el mundo?
Decidió aceptar la invitación y viajar a la dirección indicada. Al llegar, se encontró con un edificio antiguo y majestuoso, rodeado de un bosque frondoso. Una mujer vestida de negro lo recibió en la entrada.
- Bienvenido, Lucas - le dijo con una sonrisa -. Soy la directora de la Academia. Me llamo Selene. Estamos muy contentos de que hayas venido.
- Gracias - balbuceó Lucas, nervioso -. ¿Cómo saben mi nombre? ¿Y cómo saben que tengo el don?
- Lo sabemos todo sobre ti, Lucas - respondió Selene -. Somos tus maestros y tus guías. Hemos estado observándote desde hace tiempo, esperando el momento adecuado para contactarte.
- ¿Observándome? ¿Por qué?
- Porque eres especial, Lucas. Eres uno de los nuestros. Eres un iniciado en la alta magia.
Selene lo condujo al interior de la Academia, donde le presentó a otros estudiantes y profesores. Todos lo saludaron con amabilidad y curiosidad. Lucas se sintió acogido y emocionado. Por fin había encontrado su lugar en el mundo.
Durante los siguientes meses, Lucas aprendió los fundamentos de la alta magia. Aprendió a controlar su mente y sus emociones, a canalizar su energía y su voluntad, a invocar y comunicarse con las fuerzas invisibles del universo. Aprendió a crear y romper hechizos, a protegerse y atacar con su poder, a viajar por el plano astral y a explorar otras dimensiones.
Lucas se destacó por su talento y su pasión. Sus maestros lo elogiaban y sus compañeros lo admiraban. Se sentía feliz y orgulloso de sí mismo. Pero también sentía que le faltaba algo. Que había un secreto que nadie le revelaba. Que había un nivel más alto de magia al que aún no podía acceder.
Un día, Selene lo llamó a su despacho.
- Lucas - le dijo -. Ha llegado el momento de que des el paso final. De que despiertes tu verdadero potencial.
- ¿De qué habla? - preguntó Lucas.
- Hablo del despertar - respondió Selene -. El despertar es la experiencia más sublime y trascendente que puede tener un iniciado en la alta magia. Es el momento en que se rompe la barrera entre lo humano y lo divino, entre lo material y lo espiritual, entre lo finito y lo infinito. Es el momento en que se alcanza la iluminación.
- ¿Y cómo se logra eso? - inquirió Lucas.
- No hay una fórmula exacta - admitió Selene -. Cada iniciado tiene su propio camino y su propio ritmo. Pero hay algunos elementos comunes que pueden ayudar a facilitar el proceso. Uno de ellos es el ritual.
- ¿Qué ritual?
- El ritual del fuego sagrado - explicó Selene -. Es un ritual ancestral que consiste en encender una llama mágica en el centro del pecho del iniciado. Una llama que representa el espíritu, la esencia, la chispa divina que habita en cada ser vivo. Una llama que purifica, transforma y eleva al iniciado a un nuevo nivel de conciencia.
- ¿Y cómo se enciende esa llama? - quiso saber Lucas.
- Con la ayuda de un maestro - respondió Selene -. Un maestro que haya pasado por el despertar y que pueda transmitir su fuego al iniciado. Un maestro que sea compatible con el iniciado, que tenga una conexión especial con él. Un maestro como yo.
Selene se acercó a Lucas y lo miró a los ojos.
- Lucas - le dijo -. Yo quiero ser tu maestra. Yo quiero encender tu fuego. Yo quiero despertarte.
Lucas sintió una oleada de calor y de luz en su pecho. Sintió que algo se movía dentro de él, algo que quería salir, algo que quería arder. Sintió que Selene lo llamaba, que Selene lo atraía, que Selene lo amaba.
- Sí - dijo Lucas -. Yo quiero que seas mi maestra. Yo quiero que enciendas mi fuego. Yo quiero despertar.
Selene sonrió y lo abrazó. Lo besó en los labios y le susurró al oído:
- Entonces, prepárate. Porque esto va a ser increíble.
FIN
No hay comentarios.:
Publicar un comentario